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Esquina peligrosa


[Minicuento - Texto completo.]

El señor Epidídimus, el magnate de las finanzas, uno de los hombres más ricos del mundo, sintió un día el vehemente deseo de visitar el barrio donde había vivido cuando era niño y trabajaba como dependiente de almacén.

Le ordenó a su chofer que lo condujese hasta aquel barrio humilde y remoto. Pero el barrio estaba tan cambiado que el señor Epidídimus no lo reconoció. En lugar de calles de tierra había bulevares asfaltados, y las míseras casitas de antaño habían sido reemplazadas por torres de departamentos.

Al doblar una esquina vio el almacén, el mismo viejo y sombrío almacén donde él había trabajado como dependiente cuando tenía doce años.

-Deténgase aquí. -le dijo al chofer. Descendió del automóvil y entró en el almacén. Todo se conservaba igual que en la época de su infancia: las estanterías, la anticuada caja registradora, la balanza de pesas y, alrededor, el mudo asedio de la mercadería.

El señor Epidídimus percibió el mismo olor de sesenta años atrás: un olor picante y agridulce a jabón amarillo, a aserrín húmedo, a vinagre, a aceitunas, a acaroína. El recuerdo de su niñez lo puso nostálgico. Se le humedecieron los ojos. Le pareció que retrocedía en el tiempo.

Desde la penumbra del fondo le llegó la voz ruda del patrón:

-¿Estas son horas de venir? Te quedaste dormido, como siempre.

El señor Epidídimus tomó la canasta de mimbre, fue llenándola con paquetes de azúcar, de yerba y de fideos, con frascos de mermelada y botellas de lavandina, y salió a hacer el reparto.

La noche anterior había llovido y las calles de tierra estaban convertidas en un lodazal.

FIN

Marco Denevi

Colabora Margarita Grigera

Delfo Cabrera


El 2 de Agosto de 1981, en un accidente automovilístico moría el ganador de la medalla de oro de la maratón en los juegos Olímpicos de Londres en 1948, ese día fallecía Delfo Cabrera. Nacido en Armstrong, Santa Fe, en Abril de 1919, en el seno de una humilde familia, que lo rodeó de amor al igual que a sus 5 hermanos, Delfo de muy joven trabajó en tareas rurales y se movilizaba corriendo, llegó a correr más de 20 km diarios. En 1932, con solo 13 años se entera de la hazaña de Zabala en los juegos Olímpicos de Los Ángeles, esto le sirvió de inspiración. En 1937 lo descubre el entrenador Francisco Mura, quien lo lleva a San Lorenzo de Almagró donde entrenó profesionalmente mientras se desempañaba como policía. En los juegos de Londres 1948 participó en la maratón, largó moderadamente resguardando fuerzas para el sprint final, ingresó al estadio Wembley en segundo lugar detrás del Belga Étienne Gailly al que rebasó a escasos metros de la meta, medalla de oro y gloria eterna. Se le invitó a regresar en primera clase pero prefirió hacerlo con sus compañeros atletas en tercera. A su regreso expresó abiertamente su admiración por Perón y Evita, quienes fueron los padrinos de su primera hija, recibió la medalla al mérito deportivo en la Plaza de Mayo y fue ascendido a cabo, terminó sus estudios y se recibió de profesor de educación física. La revolución libertadora arruinó su vida, fue despedido de la policía y olvidado. Años después como el deporte Argentino no volvía a conquistar medallas en atletismo su figura renació, así fue que el 2 de Agosto de 1981 fue a Lincoln a recibir un homenaje, a su regreso chocó frontalmente con un Ford Falcon manejado por un militar alcoholizado, la familia le inició juicio al estado pero la dictadura militar se encargó que ningún abogado aceptara el caso, la causa estaba perdida hasta que un abogado de extracción radical y dirigente del partido aceptó el caso. Fernando De La Rua llevó adelante el caso, fue amenazado y perseguido pero se mantuvo junto a la familia Cabrera hasta que ya en democracia, en 1989 ganó el juicio.

Robando La Gioconda


La Gioconda es sin dudas, el cuadro más valorado del mundo. El hecho lo debe fundamentalmente a su fama y a su aun más famoso autor, pero también hay que reconocer que es el cuadro más estudiado, sobre el que más tonterías se han dicho, el más enigmático y según algunos amigos que lo han ido a ver en el Museo de Paris, el más difícil de contemplar, por los codazos y empujones de los turistas.
La Gioconda es también, por ahora el más difícil de robar, porque cuenta con un sistema de seguridad único en el mundo, diseñado exclusivamente para el, en una sala enorme y exclusiva, con iluminación especial, vitrina con climatización propia y un cristal antibalas, casi antimisiles.
Pero no siempre fue así. 
En 1911 lo afanaron. 
Lo recuperaron el 12 de diciembre de 1913, en Florencia. 
El autor del robo fue el italiano Vincenzo Peruggia, un carpintero del Louvre que salió pancho del museo con la tabla debajo de su bata de trabajo. Lo hizo por patriotismo. 
Pero “ndo faltai boi jagua carrerajape”… Nunca falta un perro en las carreras, diría mi cumpa. No podría ser de otra forma.
Peruggia fue el autor material del robo, pero el que planeo el hecho fue un argentino que le enroscó la víbora al italiano diciéndole que si don Leonardo era italiano, si la dama era italiana y si el cuadro se pintó en Italia, ¿qué diablos hacía La Gioconda en París?
Eduardo Valfierno nació en 1850, en Buenos Aires. Hijo de ricos, en su juventud, llevó un estilo de vida de lujos y derroches, con lo que prontamente despilfarro la fortuna que heredó de su padre. Cuando se le acabaron los morlacos para continuar con su estilo, vendió los objetos de arte y antigüedades que habían pertenecido a su familia. 
Allí aprendió el oficio y argentino al fin, comenzó su vida delictiva, al descubrir que sus clientes estaban dispuestos a comprar obras de arte robadas. 
En uno de sus regulares viajes a Francia, a dónde se hacía llamar Marqués de Valfierno, conoce a Yves Chaudron, un artista que se dedicaba principalmente a falsificar pinturas del Renacimiento. 
Lo demás es tan obvio que hasta casi no vale la pena contarlo: El hijo de estas pampas, le encargó al virtuoso de la falsificación seis Giocondas, de tal manera que cuando el italiano consumó el robo, el argentino vendió seis copias a otros seis distintos magnates haciéndoles creer que compraban la auténtica, la robada. 
La jugada fue redonda, porque el argentino se embolsó unos 60 millones de dólares y los que habían comprado las seis falsas Giocondas no pudieron denunciarle.

Catador


En un almacén de vinos, el catador había fallecido y el director comercial comenzó a buscar alguien que hiciera el trabajo
Un viejo borracho y sucio se presentó para solicitar la posición
El director se preguntaba como podía deshacerse de él.
Le dieron una copa de vino para que lo tomara. El viejo borracho lo probó y dijo, -Es un Moscatel de tres años, elaborado con uvas cosechadas en la parte norte de la región, madurado en un barril de acero. Es de baja calidad pero aceptable.
-Correcto, dijo el jefe. Otra copa por favor.
-Es un cabernet, de 8 años, cosechado en las montañas al sur de la región, madurado en barril de roble americano a ocho grados de temperatura. Le falta aún tres años más para que alcance su más alta calidad.
-Absolutamente correcto. Una tercera copa. -Es un champage elaborado con uvas pinot blanc de alta calidad y exclusivas, dijo calmadamente el borracho.
El director no lo podía creer, le hizo un guiño de ojos a su secretaria para sugerirle algo. Ella salió de la habitación y regresó con una copa de orina.
El "alcohólico" lo probó.
-Es una rubia de 26 años de edad, con tres meses de embarazo y, si no me dan el puesto, digo quién es el padre.

Un amigo argentino


Un amigo normal es alguien que nunca te pide comida…
Un amigo argentino es la razón por la que organizás una comida.

Un amigo normal te pregunta ¿cómo estás?…
Un amigo argentino cuando te ve, te dice: “Hijo de puta, ¿cómo andás?”, te abraza y te besa.

Un amigo normal puede que nunca te haya visto llorar…
Un amigo argentino ha llorado con vos, por cualquier cosa.

Un amigo normal te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital.
Un amigo argentino te va a ver y se queda dormido en una silla, a tu lado.

Un amigo normal te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días…
Un amigo argentino te pide algo prestado y a la semana se olvida que no es suyo. Ni te lo devuelve ni se lo reclamás nunca.

Un amigo normal te ofrece el sofá para que duermas.
Un amigo argentino te brinda su cama, se acuesta en el suelo… y no te deja dormir en toooooda la noche conversando con vos.

Un amigo normal sabe unas cuantas cosas acerca de vos…
Un amigo argentino podría escribir un libro con las cosas que le has contado, pero no anda bocinando nada.

Un amigo normal te lleva remedios cuando estás resfriado.
Un amigo argentino te hace una sopa de pollo y los remedios que le enseñó su abuela.

Un amigo normal golpea la puerta para que le abras…
Un amigo argentino abre la puerta, entra solo y después te dice: “¡Llegué!”

Un amigo normal te pide que le hagas un café.
Un amigo argentino pasa a la cocina, usa la cafetera y hasta le pide azúcar a una vecina si vos no tenés.

Un amigo normal te invita a comer una semana antes y pide que le confirmes si vas a ir.
Un amigo argentino te llama en cualquier momento y te dice: “en cinco minutos tiro la carne a la parrilla, traéte un vino…”

Un amigo normal, si vas a verlo a su oficina, te presenta como “el Señor Fulano…”
Un amigo argentino llama al compañero de oficina y le dice: “Máquina, este fiera es mi hermano”.

Si tenés un resbalón en la vida, un amigo normal dice: “no te llamé por un tiempo, para no molestar…”
Un amigo argentino te llama a cada rato: “Boludo, lo que necesités, avisá…”

Un amigo normal puede serlo por un tiempo…
Un amigo argentino es para toda la vida.

Un amigo normal ignoraría este post…
Un amigo argentino se lo pasará a todos sus amigos pues se siente orgulloso de ser AMIGO ARGENTINO…

La Cervecita


Una pareja que tan solo llevaba dos semanas de casados sostiene el siguiente dialogo, porque el marido, aunque se sentía feliz, ya andaba con ganas de irse de parranda, así que le dice a su mujer:
-- Mi vida, horita vengo'.
-- Adónde vas, cariño?' (Expresión de recién casados).
-- Al bar. mi cielito, a tomarme una cervecita'.
La mujer se lleva la mano a la cintura y le dice:
-- Quiere cervecita, mi amorcito? 'Y en eso abre la puerta de la nevera y le enseña 25 marcas de cerveza de 12 países diferentes: mexicanas, alemanas, holandesas, japonesas, etc.
El marido no sabe que hacer y se le ocurre decirle:
--! Ay, mi gorda divina, pero en el bar., tu sabes, la jarra helada...!' No terminaba de decir esto, cuando la esposa interrumpe diciéndole:
-- Quiere jarra congelada mi amorcito?'
Saca del congelador una jarra helada, congelada, blanca, tan blanca que hasta temblaba de frió. El marido sorprendido dice:
--'Si bebita mía, pero en el bar. sirven unos Pasabocas riquísimos, vuelvo enseguida, Si?'
--Quiere s pasa boquitas, mi amorcito?'
Abre el horno y la nevera y saca varios platos de diferentes pasabocas: empanadas, papas fritas, tacos, cacahuates, palomitas, quesos,carnes frías, etc.
-- Pero caramelito, en el bar., tu sabes, las Maldiciones, las palabrotas y todo aquello...'
--Quiere palabrotas, mi amorcito? Entonces: ¡Te tomas la puta cerveza, en esa jarra de mierda y te comes esos malparidos pasabocas, pero de aquí no sales hijueputa!!!!!!

Desaprobados


Una analogía interesante:

"Un profesor suspende a la totalidad de la clase"

En una universidad americana, un profesor de economía decía que nunca había suspendido a un solo alumno, hasta que una vez suspendió a toda la clase.

Esa clase en particular, había insistido en que el socialismo realmente funcionaba: con un gobierno asistencial intermediando en la riqueza, nadie sería pobre y nadie sería rico, todo sería igual y justo.
Entonces, el profesor les dijo:

- "Ok, vamos a hacer un experimento socialista en esta clase. 
En vez de dinero, usaremos sus notas, las que obtengan de las pruebas. 
Todas las notas serán concedidas con base a la media de la clase y por tanto serán "justas". 
Todos recibirán las mismas notas, lo que en teoría, significa que nadie será suspendido, así como también que nadie recibirá un 10".

Tras la primera prueba, el profesor calculó la media y todos recibieron un "7".

De esta forma, quienes estudiaron con dedicación quedaron indignados; pero los alumnos que no se esforzaron, quedaron muy felices con el resultado.

Tras la aplicación de la segunda prueba, los estudiantes flojos estudiaron mucho menos (ellos esperaban sacar notas buenas de cualquier forma); y los que al inicio habían estudiado mucho, decidieron que ellos también aprovecharían el tratamiento propuesto para sus notas.

Como resultado, la media de la segunda prueba fue de "4".

Por supuesto, a nadie le gustó...

Después de la tercera prueba, la media general fue de "1".

Si bien, las notas no volvieron a niveles más altos, surgieron los desacuerdos entre los estudiantes y la búsqueda de culpables llevó a malas palabras, que pasaron a ser parte de la atmósfera de la sala de aquella clase.

La búsqueda de "justicia" entre los estudiantes, había sido la causa principal de las quejas, mientras que el odio y el sentido de injusticia se convirtieron en parte común de ese grupo.

Al final de todo, nadie quería estudiar más para beneficiar al resto de los estudiantes del curso....

Por tanto, todos los alumnos repetirían aquella materia...

Para su gran sorpresa, el profesor explicó:

- "El experimento socialista fracasó, porque cuando la recompensa es grande, el esfuerzo por el éxito individual es grande; pero, cuando el gobierno quita todas las recompensas, tomando los logros de otros para darlos a los que no se esforzaron por ellos, entonces nadie más va querer hacer su mejor esfuerzo.

1. No se puede llevar al más pobre a la prosperidad, quitando la prosperidad del más rico.

2. Para cada uno que recibe sin haber tenido que trabajar, hay una persona trabajando sin recibir.

3. El gobierno no consigue dar nada a nadie, sin que para ello tenga que quitar algo a otra persona.

4. Al contrario de lo que predica el socialismo, es imposible multiplicar la riqueza intentando dividirla.

5. Cuando la mitad de la población entiende la idea de que no necesita trabajar, entonces la otra mitad entiende que no vale la pena trabajar para sustentar a la primera mitad. En ese momento llegamos al comienzo del fin de una nación.

- Sir Winston Churchill

Colabora Raúl Blanda

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