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Bolita de ojito


 
Bolita de ojito
Poema de Héctor Gagliardi

Te conocí de pasada
en aquella librería,
cuando del "cole" volvía
con toda la purretada.
Y por gustarme de entrada,
ya te deje en la vidriera
la impresión tibia y sincera
de mi nariz achatada...

Por vos. bolita coqueta,
esa tarde ya "cobré",
porque el café derramé,
distraído. en la carpeta,
pero ese mes la libreta
por derecha trajo un diez
y fue la primera vez
que te lavé en la pileta.

¡Cuántas medias destrozaba
por tirarte arrodillado!
¡Las veces que habré limpiado
el camino en que pasabas!
Con mi aliento te empañaba
al preparar un "birulo"
y me fijaba si alguno,
por las dudas, "la rezaba"....

Cien hoyos te fabriqué
con tapas de naranjín:
con el taco del botín
¡las "quemas" que te salvé!
¡Cuántas veces les grite
"se la mido cuando quiera"!
Y en un descuido cualquiera
te arrimaba con el pie...

Te escondía en un momento
en la funda de la almohada,
cuando mi vieja, enojada,
las iba de "allanamiento"...
Y yo. gozando por dentro,
me dejaba revisar,
y cuando me iba a acostar
te mordía de contento...

La vida nos separó,
bolita blanca de "ojito":
ya no soy el mocosito
que una tarde te compró.
Hoy la suerte me tiró
para el hoyo del Destino,
y un "mal repe" en el camino
más "cachuzo" me dejó...

Ya no me queda más nada
del "sin vista y sin corona"
me ha ido "como la mona"
por las calles asfaltadas...
Y si la Muerte, emperrada,
me la midiera con luz,
yo me juego hasta la cruz...
¡Total... ya no hay más salvada!

Gracias a todos los que se preocuparon por mí.


Gracias a todos por todas las llamadas de preocupación, antes que nada quiero que sepan que estoy bien gracias a Dios, o por lo menos voy a estarlo... Ayer tuve un accidente, pero ya estoy mejor. La mayoría sabe que hace mucho que dejé de montar a caballo pero ayer decidí darme el gusto de montar otra vez como hace años... bueno, me subí al caballo y empezó despacito, pero de repente le empezó a dar cada vez más rápido y no lo podía parar. De repente me caí pero mi pie se quedó enganchado en la silla y el caballo me arrastró tumbándome en su galope circular y casi mecanizado. Les aseguro que fue un momento horrible porque por más que gritaba no se detenía... tengo que dar las gracias al encargado del centro comercial que llegó tan pronto como pudo y desconectó el carrusel, si no me atropella el camión de bomberos, el bus escolar, las motos, el avión ...

Calzón negro



Salió una anciana del baño,
Su viejito la miraba
Y al punto le preguntaba:
“De dónde es el gusto extraño
Pues ya llevas varios años
Usando ropa interior
De oscuro y serio color,
Y ya mi vista se aburre,
Qué acaso no se te ocurre
Que eso te da más calor?

La viejita indiferente
Caminando paso a paso
Levanta en su mano un vaso
Y allí sumerge los dientes.
Al viejo mira de frente
Para darle explicación.
Se acomoda en el colchón
Y guarda una breve pausa,
Aquí te digo la causa
De lo negro del calzón.

Muchos colores usé,
Pues la carne firme estaba,
El fuego que me quemaba
Contigo lo disfruté.
Hace tiempo lo apagué
Por no hacerlo disoluto,
Te fui fiel en lo absoluto
Lo que te digo es muy cierto:
Cuando el pájaro está muerto,
El nido viste de luto. —


Colabora: Corina Rolón

Andrea Vianini, un peleador


El sábado pasado se apagó la vida de uno de los pilotos más sanguíneos y rápidos que supo competir por nuestras tierras. Un velocista nato que era pura pasión, puro corazón, no solamente al comando de un automóvil de carreras, sino en su vida cotidiana. Ni siquiera aquel terrible accidente de 1970 que casi lo envía al otro mundo y que le lastimó seriamente su cuerpo -pero no su espíritu- pudo quebrantar sus ímpetus por vivir cada día como si fuese el último.

Andrea Vianini había nacido el 19 de octubre de 1942 en Milán, Italia, mientras las bombas de la Segunda Guerra Mundial hacían estragos sobre el continente europeo. Desde pequeño se sintió atraído por la velocidad, primero a bordo de una bicicleta y luego con una moto Guzzi de 175 cc con la que iba al colegio. Finalizada la guerra, su padre Giuseppe viajó a Argentina como representante oficial de las marcas Guzzi, Lambretta, Benelli y Aermacchi, y más tarde como importador de vehículos Alfa Romeo. En 1959 los trajo a Andrea y a su hermano Gerardo; tenían 16 y 18 años respectivamente. Andrea comenzó como probador de motos al tiempo que descubría la noche porteña, con sus horarios inacabables y con los personajes más pintorescos del “jet-set” autóctono. Mujeriego empedernido, años más tarde contrajo matrimonio con Dolores Blaquier, con quien tuvo 3 hijos.

Las motos quedaron de lado y se volcó hacia las cuatro ruedas: llegaron así el Alfa Romeo Giulietta de Turismo Anexo “J” con el que obtuvo varios triunfos, y el Maserati-Chevrolet de Mecánica Argentina Fórmula 1. Su velocidad innata y su conducción temeraria rápidamente lo convirtieron en uno de los preferidos del público. Nunca escatimaba nada, exigía las máquinas y las llevaba muy por encima de los límites, lo cual le ocasionó varias piñas espectaculares. En 1963 viajó a Europa para competir con un Porsche 904 GTS dentro del Campeonato Mundial de Marcas. Debutó en la Targa Fiorio y corrió en el mítico Nürburgring hasta que finalmente llegó su día de gloria en el Viejo Mundo: en pareja con Nasif Estéfano obtuvieron el primer puesto dentro de su categoría -superando incluso al equipo oficial alemán- y el cuarto lugar en la clasificación general. Sin embargo, su ímpetu a veces le jugó en contra: destruyó un Alfa Romeo en el veloz circuito de Spa-Francorchamps y en 1965, siendo piloto oficial Porsche, deshizo otro auto. Su carrera en Europa comenzaba a cerrarse, y su horizonte se vislumbraba en los circuitos argentinos.

En 1966 compitió con un Brabham-Cosworth en la temporada de Fórmula 3 Internacional y fue el mejor de los pilotos locales frente a lo más selecto que vino desde Europa. En 1967 volvió a ser parte de la temporada de Fórmula 3, al tiempo que hizo su arribo a la categoría más popular de nuestro país: el Turismo Carretera. En su segunda participación en la categoría, y a bordo del novísimo Bergantín-Chevrolet (la inolvidable “Garrafa”, bautizada así por la publicidad de Agip Gas) obtuvo un resonante triunfo en el Autódromo Municipal. Pero el TC comenzaba a mutar frente a un reglamento cada vez menos claro y más desprolijo, lo cual le dio vida al Sport Prototipo. Y hacia allí apuntó sus cañones el bravo Andrea.

Vianini compitió con éxito diverso en Turismo Carretera, en la Temporada Internacional de Fórmula 2 con un Tecno (siendo nuevamente el mejor de los pilotos argentinos) y en SP. El 4 de octubre de 1970, mientras conducía un Baufer-Chevrolet durante una competencia de Sport Prototipos en el veloz circuito de Las Flores, Andrea sufrió un terrible accidente que lo dejó cuadripléjico. Sin embargo, fiel a su estilo, siguió peleándole a la vida con el mismo espíritu con el que apretaba el acelerador. El pasado sábado 21 de mayo, en su Italia natal y a los 73 años, Andrea Vianini se despidió para siempre, pero su historia de vida y su paso por el automovilismo deportivo no se olvidarán jamás.

Letras: Adrián Vernazza

Foto: Automundo
http://atodomotor.com.ar/

Cuando sea vieja, vestiré de morado

 
Cuando sea vieja, vestiré de morado,
con un sombrero rojo que ni haga juego,
ni me quede bien,
y me gastaré el dinero de mi jubilación
en coñac y guantes de verano,
y sandalias de raso.
Y diré que no hay dinero para mantequilla.
Me sentaré en el pavimento
cuando esté cansada
y devoraré muestras de las tiendas
y oprimiré los botones de alarma
y rasparé con mi bastón los barandales de las calles.
Y compensaré la austeridad de mi lejana juventud.
Saldré a caminar bajo la lluvia en zapatillas,
y arrancaré flores de jardines ajenos
y aprenderé a escupir…
Pero, tal vez debiera practicar un poco todo eso desde ahora.
Así la gente que me conoce no se asombrará,
ni se escandalizará al ver que, de pronto,
soy vieja y me empiezo a vestir de morado.

Jenny Joseph ( Birmingham, Inglaterra, 1932). Periodista y poeta.

Colabora: Margarita Grigera

¡Soy una persona mayor!


¡Soy una persona mayor!

Constantemente se critica a las personas mayores
por no adaptarse al mundo moderno.

Sin embargo, nosotros nos responsabilizamos por todo lo que hemos hecho y no culpamos a nadie por ello.

No obstante,
después de una profunda
meditación, nos gustaría señalar que, a pesar de haber llevado
el pelo largo, de haber realizado
una revolución sexual, de habernos revelado contra los llamados
valores tradicionales y de
haber bailado con Los Beatles
y los Rolling Stones.

En efecto, soy una persona mayor ………………….Pero……

NO fuimos nosotros los que eliminamos:

La melodía de la música,
El talento y el ingenio de las creaciones artísticas,
La buena voz a la hora de cantar,
El orgullo por nuestra apariencia exterior,
La cortesía al conducir,
El romance en las relaciones amorosas,
El compromiso de la pareja,
La responsabilidad de la paternidad,
La unión de la familia,
El aprendizaje y gusto por la cultura,
El sentimiento de patriotismo,
El rechazo a la vulgaridad,

NO fuimos nosotros los que eliminamos:

La escena de la Navidad de las escuelas y ciudades,
El comportamiento intelectual,
El refinamiento del lenguaje,
La dedicación a la literatura,
La prudencia a la hora de gastar,
La ambición por lograr ser alguien en la vida
Ni tampoco sacamos a Dios del gobierno, de las escuelas y de nuestra vida.

Y por supuesto que no somos los que eliminamos
la paciencia y la tolerancia de nuestras
relaciones personales ni de nuestras interacciones
con los demás.

¡En efecto, ya soy una persona mayor!

Pero todavía puedo animar una fiesta...
incluso si sólo resisto hasta las 9 pm.

Todavía puedo abrir frascos con tapas a prueba
de niños aunque tenga que usar un martillo.

Todavía me acuerdo de llegar a mi casa...
aunque deba llevar un mapa conmigo.

Todavía duermo como un bebé en las noches...
aunque al otro día el cuerpo demore en permitir
que me levante.

¡En efecto, soy una persona mayor!

Pero todavía puedo
reírme de las críticas...
aunque a veces no pueda oír
lo que dicen de mí.

Todavía soy muy bueno
contando historias...
aunque las repita varias veces.

Pero no creas
que me he vuelto peleador,
cascarrabias ni intransigente…

Simplemente que tengo edad para
decir que hay cosas que ya
no me gustan…
Ya no me gusta la congestión de tráfico,
ni las muchedumbres,
ni la música alta,
ni los niños gritones,
ni los perros que ladran,
ni los políticos
ni tantas otras cosas
que ahora no recuerdo.


Colabora: Enrique Cuevas

Deducción Empírica


Juan estaba reparando la verja del jardín de su casa, aprovechando ese sábado tan lindo, cuando se dio cuenta que se estaba instalando un nuevo vecino en la casa de al lado.
Caballeresco y curioso, dejó las herramientas y se acercó al recién llegado, para ofrecerle su colaboración para lo que hiciese falta.
El nuevo vecino le agradeció, y se presenta como Miguel, profesor de Deducción Empírica.
Juan: '¿Deducción empírica? ¿Qué es eso?
Miguel, se sonríe y le dice que será más fácil explicárselo con un ejemplo.
Miguel:'Estoy viendo que tiene una casita para el perro. Deduzco sencillamente que tiene un perro. Si tiene un perro, es probable que tenga hijos. Si tiene hijos es normal que tenga esposa. Si tiene esposa se deduce que usted es heterosexual.
Juan: ¡Eso, ni lo dude!
Miguel: ¿Vio?
Se separan y Juan se queda pensando. Pocos instantes después se le acerca Aníbal, el vecino del otro lado de la casa.
Aníbal: Te vi hablando con el nuevo vecino. ¿Qué tal es? ¿a qué se dedica?
Juan: Parece agradable. Es Profesor de Deducción Empírica.
Aníbal: ¿Deducción Empírica? ¿Qué es eso?
Juan: Dejá que te ponga un ejemplo: ¿Vos tenés perro?
Aníbal: No.
Juan: ¡Entonces, sos PUTO!

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