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Rápido y preciso



Un profesor está almorzando en el comedor de la Universidad y un alumno viene con su bandeja y se sienta a su lado , a lo cual el profe dice:  

“ Un puerco y un pájaro, no se sientan a comer juntos”.

El alumno ni corto ni perezoso responde:  

“Pues me voy volando”, y se cambia de mesa.

El profesor verde de rabia, decide aplazarlo en el próximo examen, pero el muchacho responde con brillantez a todas las preguntas.

Entonces le hace la siguiente adivinanza:

Esta caminando por la calle y se encuentra con una bolsa, dentro de ella está la sabiduría y mucho dinero, cuál de los dos se llevaría Ud.?

El alumno responde sin titubear:

El dinero!!!

El profesor le dice:

Yo, en su lugar, hubiera tomado la sabiduría, no le parece?

Cada uno toma lo que no tiene, - responde el alumno

El profesor, histérico ya, escribe en la hoja del examen: Idiota!!! Y se la devuelve.

El alumno toma la hoja y se sienta.

Al cabo de unos minutos se dirige al profesor y le dice:

Señor, me ha firmado la hoja pero no me puso la nota. 

(Gracias Enrique Cuevas)

El Verijero del Agüelo Cano


Hace ya unos cuantos años, en mi pueblo había un señor mayor que siempre andaba con un verijero encima. Decía que estaba acostumbrado, que se sentía seguro, que su padre había llevado un cuchillo toda la vida, que le era útil para muchas cosas, qué se yo…cosa de viejo pensaba yo. Todo el mundo sabía que tenía “entre sus ropas”, como dicen en las policiales, pero no lo mostraba, no hacía alarde, no quería pasar por vaya a saber qué. El solo hecho de saber que todos sabían lo hacía sentir diferente. Le tenían mucho respeto por ser un octogenario conocido en el pueblo pero un poco más porque sabían que no andaba con vueltas, era muy serio, como la gente de antes. Al pan, pan y al vino, vino.

El viejo Cano vestía saco y pantalón, nunca un vaquero. Llevaba la camisa abotonada hasta el último botón, sin corbata pero cerrada hasta arriba. Para él, eso era vestir de sport. Lucía una larga barba blanca bien cuidada y una mirada penetrante Sus zapatos estaban escrupulosamente lustrados y sus medias con polainas eran infaltables. A veces se le quedaba colgada la botamanga en la polaina y se le veía la piel blanquísima de la pantorrilla, pero él caminaba imperturbable con aire de condestable, paso largo y elegante. Caminaba con las manos entrelazadas detrás de su espalda, miraba para arriba con la pera levantada, para mantenerse bien erguido, según decía.

Buenos días, buenas tardes, como está usted señora, calor eh? Con su look cortés y aristocrático como pocos, se desplazaba por el barrio como vigilando todo.

Llegó el día en que se casó su nieto mayor. La fiesta de casamiento se estaba celebrando en una casona grande donde cabían más de cien invitados. En esa época no se usaba contratar un salón de fiestas ni nada de eso. Era una fiesta en casa nomás.

Era una casa chorizo, en el frente había un juego de mesa y sillas jardín de madera dura, tenía una entrada lateral por donde se accedía al patio central con macetas de tres patas con calas y helechos, se podía llegar al fondo donde habían preparado las mesas. Las mesas estaban más o menos unidas, aunque eran diferentes, alguna más alta que la otra, alguna más ovalada. Era normal en ese entonces, nadie tenía mesas para cien personas.

Más al fondo había un gallinero pero casi no se veía detrás de la higuera y el cedrón que habían plantado hacia añares los abuelos Cano apenas se mudaron.

Todos se habían puesto su mejor pilcha. Las gordas sufrían con esos zapatos que desbordaban tejido adiposo por los cuatro costados, caminaban con dificultad, como sobre campo recién arado. Los pibes lucían pantalones cortos, camisas almidonadas, una corbatita un jopito engominado y corrían de acá para allá esquivando a las gordas. Las nenas tenían vestiditos multicolores, trencitas, cintas en el pelo y zapatos Guillermina con medias blancas. Había mujeres que se notaba que se habían pasado horas en la peluquería para que les armaran esos enormes panales con “espray”, parecían extraterrestres, pero ellas…chochas.

La gente iba cayendo de a poco, pero siempre puntual, como se usaba antes. Venían todos los integrantes de la familia, los padres, los hijos, alguna abuela también. Todos olían a colonia, jabón de tocador y a naftalina. Traían regalos para los novios, algunos traían paquetes inmensos pero livianos, otros cargaban cajas pesadas que aparentemente contenían cosas frágiles, algún florero quizás, un juego de copas, soperas inglesas, juegos de té, quién sabe, un poco de todo.

Nadie cuidaba la entrada, no había necesidad, en esa época nadie entraba donde no debía entrar, no existía esa sensación de inseguridad o como la quieran llamar que sufrimos hoy en día. Había alguien de la familia que recibía a los invitados, eso sí, era lo que correspondía. A medida que pasaban por el umbral miraban para abajo y decían: “Permiiiiiiso”, y entraban con cierta solemnidad como si estuvieran accediendo a algún lugar especial. Así era entonces.

Pocos eran los que venían en auto, pocos tenían auto, la mayoría las casas no tenían garaje, no se les hacía garaje. Por eso ahora hay que estacionar el auto en ángulos rarísimos para que queden dentro de la propiedad. Es más fácil alunizar que meter el auto en esos agujeros que quedaron en los frentes de las casitas americanas, las casas estilo chacinado y los chalecitos del tiempo de ñaupa.

La gente había sido citada a la ocho y media de la noche. Empezaron a comer las delicias que habían cocinado las Doñas Petronas de la familia. Había desde pan casero hasta vitel tonné, pollo frío, matambre, jamón crudo y cocido, ensaladas simples pero tuneadas con alguna alcaparra y pepinos en conserva. Los chicos picaron algo y salieron a jugar a la calle. Los grandes intercambiaban opiniones sobre la comida, sobre los peinados, sobre la ropa, sobre la vida y también sobre los que ya no estaban. Los novios estaban deseosos de escaparse lo antes posible. La luna de miel iba a ser un poco corta, solamente habían conseguido veinte días de alojamiento con pensión completa en el hotel Old Boys en Playa de los Ingleses, en Mar del Plata.

Ya eran las once cuando de repente apareció un tipo revoleando un revólver en la mano izquierda, empezó a gritar que se quedaran quietos y que le dieran las joyas y el dinero.

Nadie entendía lo que estaba pasando, se miraron unos a otros perplejos. Empezó a pegarle con el arma a uno de los hombres que estaba sentado en la cabecera de la mesa. Era el Agüelo Cano.

El tipo casi no se dio cuenta que el viejo Cano se dio vuelta como un gato y le golpeó el brazo. De pronto, el tipo dio un grito, se oyó un tiro y se agarró el hombro, al tiempo que se le caía el revólver.

El Agüelo Cano había sacado su filosísimo verijero y de un revés le había cortado el bíceps y los tendones del brazo izquierdo.

Nadie dijo nada, nadie dudó, la mayoría de los presentes tomaron lo que tenían a mano y se lo rompieron en la cabeza al chorro. Varias botellas de sidra y de vino sirvieron para desanimar al malogrado ladrón. Cuando finalmente cayó se le veían algunos tenedores clavados en la espalda.

El viejo Cano también cayó, pobrecito.

En un movimiento reflejo el ladrón le había dado un tiro en el pecho. Lo llevaron al hospital cercano con pocas esperanzas de que sobreviviera. Todos quedaron impactados por la experiencia vivida esa noche.

Afortunadamente, el Viejo Cano sobrevivió, su tozudez y su excelente estado físico le permitieron sobrevivir hasta su cumpleaños número noventa y cuatro junto a su querida familia.

El viejo Cano era de los de antes.
 
Tomado de Dick Keller

Que se ponga !


Gila, siempre vigente.

Miguel Gila Cuesta (Madrid, 12 de marzo de 1919 - Barcelona, 13 de julio de 2001) fue un humorista español que nació en el barrio madrileño de Chamberí. Huérfano de padre a temprana edad y con dificultades económicas en su hogar, abandonó los estudios a los 13 años. Su primer trabajo fue de pintor de coches. Retomó sus estudios hasta el segundo grado de aprendiz de mecánica de aviación, y trabajó en los Talleres Elizalde de Barcelona. Posteriormente fue fresador en Construcciones Aeronáuticas SA (CASA), en Getafe.

Al estallar la Guerra Civil, como militante de las Juventudes Socialistas Unificadas se alistó como voluntario en julio de 1936 en el Quinto Regimiento de Líster.

En el Viso de los Pedroches (Córdoba) fue puesto frente a un pelotón de ejecución y logró salvar la vida. El fusilamiento se produjo al anochecer de un día lluvioso y los integrantes del piquete estaban borrachos, por lo que no le acertaron los disparos. Gila se hizo el muerto y logró sobrevivir. En su libro de memorias “Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados” (1995) relata así aquel episodio : "Nos fusilaron al anochecer; nos fusilaron mal. El piquete de ejecución lo componían un grupo de moros con el estómago lleno de vino, la boca llena de gritos de júbilo y carcajadas, las manos apretando el cuello de las gallinas robadas con el ya mencionado Ábrete Sésamo de los vencedores de batallas. El frío y la lluvia calaba los huesos. Y allí mismo, delante de un pequeño terraplén y sin la formalidad de un fusilamiento, sin esa voz de mando que grita: "¡Apunten!, ¡fuego!", apretaron el gatillo de sus fusiles y caímos unos sobre otros. Catorce saltos grotescos en aquel frío atardecer del mes de diciembre. Las gallinas tuvieron poco tiempo para respirar, el que emplearon los del piquete de ejecución en apretar sus gatillos. Y sobre la tierra empapada por la lluvia, nuestros cuerpos agotados de luchar día a día". Posteriormente fue hecho prisionero y trasladado a un campo de prisioneros en la localidad, también cordobesa, de Valsequillo.

Poco después, en diciembre de 1938, fue hecho prisionero en Extremadura. "Creo -es decir, estoy seguro- que mi identidad política terminó en diciembre del año 1938, en el frente de Extremadura, cuando, unos instantes antes de caer prisionero en manos de los moros de la 13ª División del general Yagüe, tuve que romper mi carné de las Juventudes Socialistas; pero la ideología que mamé en mi niñez, en mi casa de gente humilde y en las fábricas o talleres donde trabajé, sigue latente en mí. Lo que van a leer es el testimonio de un hombre que fue joven en una generación en la que el hambre, las humillaciones y los miedos eran los alimentos que nos nutrían".

Fue internado hasta mayo de 1939 en un campo de prisioneros, donde coincidió con el poeta Miguel Hernández. En sus propias memorias, “Pasó después por los penales de Yeserías,Carabanchel y Torrijos, y a continuación cumplió un servicio militar de cuatro años-

Empezó su trabajo como humorista gráfico en "La Exedra'", revista editada en Salamanca por un grupo de universitarios hacia los años 1943 y 1944 y, más tarde, en La Codorniz y en Hermano Lobo; pero, según su autobiografía, el éxito le llegó en 1951, cuando actuó en Madrid como espontáneo en el teatro de Fontalba, donde contó un improvisado monólogo sobre su experiencia como voluntario en una guerra. En la década de 1950, actuó en la radio.

En 1968, se "exilió" para huir de una paternidad no reconocida, fijando su residencia en la ciudad de Buenos Aires. Allí puso en marcha una compañía de teatro y la revista satírica "La gallina", también se destacó por sus actuaciones unipersonales en el programa Sábados circulares (creado y conducido por Nicolás Mancera). Hizo varias giras por toda Latinoamérica, incluyendo Venezuela, donde participó en el programa de humor "Radio Rochela" en Radio Caracas Televisión, invitado por el argentino Tito Martínez del Box,desde 1977 realizó giras también por España. Regresó definitivamente a España en 1985.El modo más frecuente de expresar su humor era mediante diálogos figurados (en realidad monólogos) al teléfono, cuyo costumbrismo ingenuo lindaba a veces con el surrealismo. En sus monólogos, cabe destacar que no utilizaba palabras malsonantes o polémicas. En tales fingidos diálogos telefónicos tenía una muletilla que se ha hecho famosa: tras preguntar por su supuesto interlocutor, Gila decía "¡que se ponga!". Falleció en 2001 a los 82 años en Barcelona, a causa de una insuficiencia respiratoria debida a una enfermedad pulmonar crónica que sufría.

Lo que sigue es una demostración del humor que nos hizo reír a muchos y que estamos recordando

Diario de un desgraciado por Gila


Cuando nací, el doctor fue a la sala de espera y le dijo a mi padre:

"hicimos lo que pudimos .....pero salió"

Mi padre me cogió en brazos y acto seguido me tiró al techo y dijo: "Si se queda pegado, es un murciélago"

Mi madre nunca me dio el pecho porque decía que sólo me quería como amigo.

Mi padre llevaba en la cartera la foto del niño que ya venía en la cartera.

Mi padre era imbécil. Trabajaba en un banco y lo atraparon robando bolígrafos.

Pronto me di cuenta de que mis padres me odiaban: mis juguetes para la bañera eran una tostadora y una radio.

Cuando era chiquito me regalaron un caballito de madera... y se murió.

Una vez me perdí. Le pregunté al policía si creía que íbamos a encontrar a mis padres. Me contestó: "no lo sé, chaval......hay muchos sitios donde se pueden esconder".

Trabajé en una tienda de animales. La gente no paraba de preguntarme cuánto iba a crecer.

Cuando me secuestraron, los secuestradores mandaron a mi padre un trozo de mi dedo. Mi padre dijo que quería mas pruebas.

El último deseo de mi padre moribundo fue que me sentara en su regazo.

Estaba en la silla eléctrica.

Un día me llamó una chica a casa diciéndome: "ven a casa, no hay nadie".

Cuando llegué a su casa no había nadie.

A mi mujer le gusta hablar conmigo después del sexo. El otro día me llamó a casa desde un hotel.

Una vez ingerí un frasco entero de tranquilizantes. El doctor me dijo:

"tómese una copa y acuéstese un poco".

Mi psiquiatra me dijo que me estaba volviendo loco. Yo le dije que quería una segunda opinión. "De acuerdo, también es usted feo".
 
 Una vez me iba a suicidar tirándome desde un décimo piso. Mandaron un cura para ayudarme. Sus palabras de ánimo fueron: "preparados, listos....".

Recopilado por David Gleiser

Más pobre que Mujica



Más pobre que Mujica: y fue nuestro:

En Argentina hubo un presidente que tuvo que vender su auto y terminó trabajando en una panadería. Le dieron un golpe de Estado. Casi nadie lo recuerda.

Se ha dicho, con infinita inocencia, que la modestia del presidente José Mujica tal vez sea un ejemplo que marcará huella en las futuras generaciones de uruguayos. Sin embargo, hay malas noticias que llegan del pasado y de acá nomás. En Argentina –en donde los últimos presidentes han sido y son dueños de un millonario patrimonio- hubo un mandatario bastante más pobre que Mujica, cuya gestión fue más removedora que la del ex guerrillero tupamaro y el cual, pese a eso o tal vez precisamente por eso mismo, fue derrocado por un golpe de Estado del que no quedó afuera casi nadie.

Y, lo peor, a treinta años de su muerte, su nombre ha ido a dar al panteón del casi olvido sin que su herencia de honestidad haya hecho demasiada huella en los estamentos políticos y sociales de su país.

Se llamó Arturo Illia y fue elegido en su cargo como candidato de la Unión Cívica Radical (UCR) en las elecciones de 1963 luego de ejercer durante años como médico rural en el humilde pueblo cordobés de Cruz del Eje.

La única propiedad que tuvo Illia en su vida fue una pequeña casa que, precisamente, gestionaron y ayudaron a pagar sus vecinos en agradecimiento a los servicios prestados. Fue el único presidente argentino que se negó a recibir una jubilación del Estado y sobrevivió hasta su muerte en 1983 trabajando en la panadería de un amigo.

Durante su breve gestión, Argentina creció económicamente como nunca había crecido antes y el desempleo bajó del 8% al 4%. Illia creó el denominado “salario, mínimo, vital y móvil”, subió los sueldos sin provocar inflación y le dedico a la educación un porcentaje sin precedentes. Se enfrentó a las empresas petroleras, a las que impidió seguir llevándose la mayor parte de la explotación del crudo, y se tiró encima a los grandes laboratorios al ponerle tope al precio de los medicamentos. Además, la libertad de prensa era absoluta.

Entonces, no solo los militares empezaron a conspirar contra su gobierno. También buena parte de los empresarios, de la Iglesia, de la prensa, de las asociaciones rurales y de los sindicatos dirigidos por el peronista Augusto Vandor. Decían que tenía un carácter débil; lo retrataban en los periódicos como si fuera una tortuga; golpeaban la puerta de la embajada de Estados Unidos; armaban aquelarres en los cuarteles.

El semanario Primera Plana de Jacobo Timerman le hizo una entrevista a la esposa de Illia solo para mostrarla como una señora sin lustre y sin título, educada en un hogar humilde, sin ningún tipo de complejidad en sus razonamientos. Illia, mientras tanto, tuvo que vender su auto porque no quería usar los fondos del Estado para solventar los gastos que le imponía su cargo.

El 28 de junio de 1966, el general Juan Carlos Onganía resolvió dar el golpe contra este veterano con fama bien ganada de incorruptible y de demócrata hasta las últimas consecuencias. Los militares se le vinieron encima en la Casa Rosada y un grupo de allegados tuvo que escoltarlo hasta la casa de su hermano en donde se quedó un tiempo hasta que volvió a Cruz del Eje.

Poco y nada quedó del ejemplo de este médico rural tras su paso por la presidencia. La Argentina siguió penando mayormente entre dictaduras militares y gobiernos dudosamente peronistas. Por supuesto, los que luego entraron en la Casa Rosada no tenían problemas económicos y, si tenían alguno, lo resolvieron echando mano a la caja pública.

Por eso, hoy que el mundo se asombra ante la modestia de un presidente uruguayo, no viene mal acordarse de este señor nacido en Pergamino que durante toda su vida –en el llano y en el poder- tuvo que trabajar para poder comer decentemente.


El Observador - 25.02.13

¿Qué es el éxito?


Fragmento

"Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.

Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.

Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría “te quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré."

Gabriel García Márquez.

Pendientes


No sé si es cierto, pero seguro que en nuestro país alguien se quedaría con el vuelto.
Cuenta un amigo:

"Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas.:
- Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres "pendientes".
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:
- ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?
Me dicen:
- Espera y verás.
Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés - pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
- Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:
- ¿Tienen algún "café pendiente"?

Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.

"El café pendiente" - Tonino Guerra, contó la historia de uno de sus directores Federico Fellini y Vittorio De Sica. Incidente que, según él, puede traer lágrimas a cualquiera.

Hay muchas maneras de ayudar y ser más solidario!
 
Contado por  Don Chodis

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