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Cuando sea vieja, vestiré de morado

 
Cuando sea vieja, vestiré de morado,
con un sombrero rojo que ni haga juego,
ni me quede bien,
y me gastaré el dinero de mi jubilación
en coñac y guantes de verano,
y sandalias de raso.
Y diré que no hay dinero para mantequilla.
Me sentaré en el pavimento
cuando esté cansada
y devoraré muestras de las tiendas
y oprimiré los botones de alarma
y rasparé con mi bastón los barandales de las calles.
Y compensaré la austeridad de mi lejana juventud.
Saldré a caminar bajo la lluvia en zapatillas,
y arrancaré flores de jardines ajenos
y aprenderé a escupir…
Pero, tal vez debiera practicar un poco todo eso desde ahora.
Así la gente que me conoce no se asombrará,
ni se escandalizará al ver que, de pronto,
soy vieja y me empiezo a vestir de morado.

Jenny Joseph ( Birmingham, Inglaterra, 1932). Periodista y poeta.

Colabora: Margarita Grigera

¡Soy una persona mayor!


¡Soy una persona mayor!

Constantemente se critica a las personas mayores
por no adaptarse al mundo moderno.

Sin embargo, nosotros nos responsabilizamos por todo lo que hemos hecho y no culpamos a nadie por ello.

No obstante,
después de una profunda
meditación, nos gustaría señalar que, a pesar de haber llevado
el pelo largo, de haber realizado
una revolución sexual, de habernos revelado contra los llamados
valores tradicionales y de
haber bailado con Los Beatles
y los Rolling Stones.

En efecto, soy una persona mayor ………………….Pero……

NO fuimos nosotros los que eliminamos:

La melodía de la música,
El talento y el ingenio de las creaciones artísticas,
La buena voz a la hora de cantar,
El orgullo por nuestra apariencia exterior,
La cortesía al conducir,
El romance en las relaciones amorosas,
El compromiso de la pareja,
La responsabilidad de la paternidad,
La unión de la familia,
El aprendizaje y gusto por la cultura,
El sentimiento de patriotismo,
El rechazo a la vulgaridad,

NO fuimos nosotros los que eliminamos:

La escena de la Navidad de las escuelas y ciudades,
El comportamiento intelectual,
El refinamiento del lenguaje,
La dedicación a la literatura,
La prudencia a la hora de gastar,
La ambición por lograr ser alguien en la vida
Ni tampoco sacamos a Dios del gobierno, de las escuelas y de nuestra vida.

Y por supuesto que no somos los que eliminamos
la paciencia y la tolerancia de nuestras
relaciones personales ni de nuestras interacciones
con los demás.

¡En efecto, ya soy una persona mayor!

Pero todavía puedo animar una fiesta...
incluso si sólo resisto hasta las 9 pm.

Todavía puedo abrir frascos con tapas a prueba
de niños aunque tenga que usar un martillo.

Todavía me acuerdo de llegar a mi casa...
aunque deba llevar un mapa conmigo.

Todavía duermo como un bebé en las noches...
aunque al otro día el cuerpo demore en permitir
que me levante.

¡En efecto, soy una persona mayor!

Pero todavía puedo
reírme de las críticas...
aunque a veces no pueda oír
lo que dicen de mí.

Todavía soy muy bueno
contando historias...
aunque las repita varias veces.

Pero no creas
que me he vuelto peleador,
cascarrabias ni intransigente…

Simplemente que tengo edad para
decir que hay cosas que ya
no me gustan…
Ya no me gusta la congestión de tráfico,
ni las muchedumbres,
ni la música alta,
ni los niños gritones,
ni los perros que ladran,
ni los políticos
ni tantas otras cosas
que ahora no recuerdo.


Colabora: Enrique Cuevas

Deducción Empírica


Juan estaba reparando la verja del jardín de su casa, aprovechando ese sábado tan lindo, cuando se dio cuenta que se estaba instalando un nuevo vecino en la casa de al lado.
Caballeresco y curioso, dejó las herramientas y se acercó al recién llegado, para ofrecerle su colaboración para lo que hiciese falta.
El nuevo vecino le agradeció, y se presenta como Miguel, profesor de Deducción Empírica.
Juan: '¿Deducción empírica? ¿Qué es eso?
Miguel, se sonríe y le dice que será más fácil explicárselo con un ejemplo.
Miguel:'Estoy viendo que tiene una casita para el perro. Deduzco sencillamente que tiene un perro. Si tiene un perro, es probable que tenga hijos. Si tiene hijos es normal que tenga esposa. Si tiene esposa se deduce que usted es heterosexual.
Juan: ¡Eso, ni lo dude!
Miguel: ¿Vio?
Se separan y Juan se queda pensando. Pocos instantes después se le acerca Aníbal, el vecino del otro lado de la casa.
Aníbal: Te vi hablando con el nuevo vecino. ¿Qué tal es? ¿a qué se dedica?
Juan: Parece agradable. Es Profesor de Deducción Empírica.
Aníbal: ¿Deducción Empírica? ¿Qué es eso?
Juan: Dejá que te ponga un ejemplo: ¿Vos tenés perro?
Aníbal: No.
Juan: ¡Entonces, sos PUTO!

LAS CASAS BARATAS


Corría el año 1913 y las encuestas realizadas reflejaban una realidad más que preocupante: el 80 por ciento de las familias obreras vivían en una sola pieza y el 37 por ciento carecían de instalaciones de agua corriente.
Para comenzar a revertir esta situación el Congreso promulgó, el 5 de octubre de 1915, la ley Nº 9677 que creó la Comisión Nacional de Casas Baratas por impulso del diputado Juan F. Cafferata.
Este organismo planificó la construcción de 3.000 viviendas. Por aquel entonces el país tenía por presidente a Victorino de la Plaza quien había accedido al cargo debido a la licencia por enfermedad solicitada por Roque Sáenz Peña en 1913.
A Victorino de la Plaza le sucedió Hipólito Yrigoyen. Su mandato duró hasta 1922, año en el que le sucedió Marcelo T. de Alvear. Mientras tanto, la Comisión entregaba las primeras viviendas en 1920.
La Ciudad de Buenos Aires le daba así un gran impulso e importancia al plan de Casas Baratas. Para 1941 tenía construidas 5.000, de las cuales 3.123 habían sido adjudicadas y 1.815 arrendadas.
La construcción era sencilla pero sólida, y en su diseño los arquitectos trataban de reproducir los chalets de campo de las clases acomodadas, o los que construían los ingleses en los suburbios de Buenos Aires. Una empresa francesa fue la ganadora de la licitación y la encargada por lo tanto de construir las viviendas que como novedad tecnológica presentaban el baño y la cocina en el interior de la casa. Poseían todos las comodidades de la época: agua corriente, cloacas, cocina económica de hierro que se alimentaba a leña... Hasta había un tanque de agua que se calentaba con la propia cocina brindando de esta forma agua caliente en toda la casa.
El primer barrio construido dentro del programa fue el Cafferata de Parque Chacabuco. A él le sucedió el Barrio Marcelo T. de Alvear, de Floresta, en terrenos cedidos por la sucesión de la familia Olivera.
El plan de Casas Baratas estaba dirigido y destinado a familias con hijos cuyo jefe se desempeñara en algún empleo público que dependiera del Estado Nacional.
Las condiciones de financiación eran por demás atractivas: El Banco Hipotecario Nacional le otorgaba al propietario un crédito que financiaba el 100 % del valor de la propiedad. Este crédito se pagaba fácilmente por medio de cuotas accesibles que devengaban un bajísimo interés a lo largo de los 20 o más años que permitía la financiación.
Fue tal el número de interesados que pretendían el acceso a la vivienda que tuvo que recurrirse a un sorteo para realizar la adjudicación de la unidades.
Otro barrio de Casas Baratas fue construido poco tiempo después en Floresta: El Barrio Segurola que fue construido entre 1929 y 1931, aunque la mayor parte de sus casas se ocuparon después de 1936. Sus límites eran: Mercedes, Segurola, San Julián (César Díaz) y Camarones. También el Barrio Rawson, en Agronomía, fue creado en 1934.
La ley de Casas Baratas sirvió para que las clases más humildes y desprotegidas tuvieran acceso a una vivienda digna, reconociéndoles el derecho que les asistía por el hecho simple de ser personas.
 
Colabora : Jorge Knoblauch

Piedad ante el llanto público



Casi siempre están en el transporte público. En un colectivo, de cara a la ventana, escondidos contra el vidrio. O en el subte, apuntando al piso. Disimulan el llanto como pueden. Se suenan la nariz, caretean un resfrío. Pero todos nos damos cuenta de que hay alguien que comparte ese tiempo y ese lugar con nosotros.

Ahí donde todos vamos en el trance de la rutina cotidiana a nuestros trabajos, a nuestras casas, a la normalidad, hay uno que llora. En el vagón del subte o en el micro, la sensación de incomodidad lo inunda todo.

Los que lloran en público también están en la calle, caminando. El último que me tocó ver fue a unas pocas cuadras del diario. Un pibe apoyado contra el manubrio de la bici, como derrumbado.

Lo vi venir a lo lejos y me di cuenta de que tuvo que parar, el llanto no lo dejaba seguir pedaleando. Se detuvo en Chacabuco al 1200, una calle no muy transitada, como para llorar tranquilo. Y tuve que pasar yo para molestarlo, para incomodarlo. O quizás ni me registró. La pregunta que quiero hacer, y a la vez la que siempre me hago en estos casos, es la siguiente: ¿Qué se hace con los que lloran en público? Muchas veces un llanto es un remedio, un desahogo impostergable. Un ritual privado que no siempre llega en el momento propicio. ¿Qué se hace con los que lloran en público?

Para el que lea estas líneas y alguna vez le tocó llorar en público, sepa que no supimos cómo reaccionar, pero de algún modo lo acompañamos.

Diego Geddes dgeddes@clarin.com​

Programando con mujeres


+ El año pasado cambié de la versión NOVIA 7.0 a la versión ESPOSA 1.0 y he observado que el programa al cabo de un tiempo comenzó con unos procesos inesperados de sub-rutinas, que luego fueron a mas, descargándose un programa oculto denominado HIJO 1.0 que me ocupa muchísimo espacio en el disco duro, utiliza recursos importantes y ademas ralentiza de forma alarmante el sistema operativo. 
 
+ Por otra parte, ESPOSA 1.0 se instala como residente en la memoria RAM y se arranca durante el inicio de cualquier aplicación, monitorizando todas las actividades del sistema. - Aplicaciones como: -- CERVEZA CON COMPAÑEROS 10.3 -- PARTIDA CON AMIGOS 2.5 -- CARRERAS DOMINGOS 5.0 ya no funcionan y el sistema se cae cuando intento ejecutarlas. 
 
+ De vez en cuando se abre un programa oculto (creo que es un troyano) denominado SUEGRA 1.0 que aparece cerrando varios puertos de conexiones y consigue colgar el sistema, o hacer que ESPOSA 1.0 se comporte de manera totalmente impredecible, por ejemplo, dejando de atender a cualquier comando que introduzco.
 
+ Estoy pensando en volver al programa NOVIA 7.0 pero no he podido desinstalar ESPOSA 1.0 o al menos mantenerlo minimizado. 
¿Alguien me puede ayudar? Muchas gracias, un usuario afligido. 
 
- Estimado usuario afligido, este es un motivo de queja muy común. Se debe, en la mayoria de los casos, a un error básico de concepto. Mucha gente pasa de cualquier versión de NOVIA a ESPOSA 1.0 con la idea de que es solo un programa de utilidades y entretenimiento, sin embargo ESPOSA 1.0 es un Sistema Operativo completo, diseñado para controlar todo el sistema. 
 
- Es muy poco probable que usted pueda desinstalar y eliminar los archivos del programa ESPOSA 1.0 y regresar a cualquier versión de NOVIA. 
 
- Lo mismo pasa con SUEGRA 1.0 que es una aplicación oculta que se instala en la RAM mientras ESPOSA 1.0 funciona. 
 
- Hay quienes han intentado el formateo, para luego instalar NOVIA PLUS o ESPOSA 2.0 pero terminan con mas problemas que antes (ver en el manual los capitulos "Pago de pensiones" Mantenimiento de hijos") 
 
- Considere la posibilidad de instalar algún software adicional para mejorar el rendimiento de ESPOSA 1.0 . Son recomendables, PedirPerdón.Exe, Flores 5.0, Joyas 2.3. También puede usar Loquetudigas 9.7 y evite el uso excesivo de la tecla "ESC" 
 
- JAMAS instale programas como AMIGUITA 1.1 o JUERGACONAMIGOS 4.1 . Estos programas no funcionan bajo ESPOSA 1.0 y es muy probable que causen daños irreversibles al sistema operativo. 
 
Mucha suerte.

Despidiendo a Cora Cané


Por Alberto Amato

Murió la periodista y poeta Cora Cané, que durante cincuenta y siete años escribió en este diario, con arte singular, con fina ironía y con lúcida concisión el tradicional Clarín Porteño, una ventanita de esperanza y de ánimo que en más de medio siglo fue faro y guía de sus muchos y apasionados lectores.

Cora, y ese fue uno de sus grandes méritos, hizo de aquella ventanita, un ladrillito de cuatro columnas por unos pocos centímetros de alto, un ventanal para mirar el mundo y para mirarnos en él. Alentó la voluntad de la gente, templó su espíritu, tendió su mano abierta siempre, regaló poesía, sabiduría y regocijo; fue generosa y apasionada, entusiasta y pujante, condiciones todas que incluía de alguna manera en los textos breves de su Clarín Porteño y en sus inolvidables mini secciones: Lo importante, Oído al pasar y Coplas del amanecer, entre tantas otras.

En 2014, a los 91 años (“pero parezco de noventa”, bromeaba) se sintió un poco cansada: sus ojos, que habían ganado en hondura, ya no le dejaban ver en la superficie las letras de su vieja y amada máquina de escribir; dictaba sus columnas a su nieta, sin dejar fascinarse demasiado por el portento inverosímil de la computadora. Supo entonces que era hora de decir adiós, anunció que dejaba de escribir la sección y en diciembre de ese año se despidió, serena, sin dramas, sin llantos, con experta pluma, de lo que fue su vida entera.

Creyó, y lo dijo, y le creímos por cierto, que su misión había sido cumplida. Le dijo a sus miles de lectores, de los que guardaba miles de cartas, lo que ellos ya sabían por imperio de aquella ventanita de esperanza: “Les dejo mi corazón”. Agradeció las muestras múltiples y ruidosas del afecto de sus colegas, muchos podían ser sus nietos, y se marchó al inquietante exilio de los periodistas en retiro. Todo duró nada. Su irremplazable espacio de todas las mañanas fue ocupado por Pasiones Argentinas y a su editor, Osvaldo Pepe, llamó Cora una mañana para rogarle le permitiera escribir esos mil quinientos caracteres que serían para ella savia y sangre. Suplicó, y obtuvo, con la insistencia, los nervios, el entusiasmo y la expectativa de una chica principiante. Esos quilates calzaba la maestra que hemos perdido.

María Cora Bertolé nació en Rosario en 1923. Muy joven, adolescente, llegó a Buenos Aires y empezó en el periodismo en la revista El Hogar, donde publicó sus primeros cuentos y poemas. Se casó con el poeta Luis Cané (“Luis era más grande que yo”, confesó con coquetería en 2014) editor de Clarín desde su fundación en 1945 y a cargo de la ventanita que entonces se llamaba Notas del Amanecer. “Cuando Luis se enfermó – contaba Cora en los días de su adiós- yo empecé a escribir la sección. Se suponía que era un secreto. Pero dos meses después de morir Luis, en 1957, Roberto Noble me llamó y me dijo ‘bueno Cora, la sección es suya'. Y me la dejó con todos los beneficios de Luis: sueldo, categoría y antigüedad”.

El primero de los Clarín Porteño de Cora Cané apareció el 29 de mayo de 1957 y Cora se incorporó así a la redacción de Clarín que transitaban también Raúl González Tuñón, el poeta José Portogallo, José de Tomas y Edmundo Guibourg, entre tantos otros. El periodismo, un territorio casi vedado a las mujeres en la mitad del siglo XX, fue su profesión para siempre. Clarín Porteño era su cuota diaria y anónima, pero Cora trabajó en varias de las secciones del diario. Una foto que lució en la que fue su casa del Barrio Norte, la mostraba joven y bella junto al entonces presidente Arturo Illia, en un reportaje pactado en media hora y que duró más de cuatro, almuerzo incluido. Cora gustaba recordar que el Presidente la mandó a su casa en su coche y escoltada por motociclistas de la Federal.

Fue productora de los almuerzos de Mirtha Legrand y trabajó en las radios Excelsior, Belgrano, Splendid y Municipal; nunca olvidó su otra pasión, la literatura, y escribió más de una decena de libros de cuentos, poemas y ensayos entre los que destacan La Obsesión, Esplendores y agonías, Espectros a la hora de jugar, Historias con fantasmas y La ciudad distante. Fue miembro de la Sociedad Argentina de Escritores, de la Academia Nacional de Periodismo y miembro emérito de la Academia Porteña del Lunfardo, lenguaje del que no hacía gala pero que manejaba con prolija exactitud.

Amante de los animales, luchó hasta conseguir que el 2 de junio de cada año se celebre el Día Nacional del Perro, en recuerdo y homenaje a “Chonino”, un ovejero alemán de la Policía que murió en 1982 cuando intentó salvar a su dueño.

Con su salud ya un poco desobediente (“tengo EPOC porque fumé como una bestia toda mi vida, aunque ahora hace treinta y cuatro años que no fumo”) gustaba recordar una época y un periodismo que la marcaron para siempre pero que no le impidieron adaptarse a los cambios, bruscos, broncos, ásperos a menudo, que la profesión sufrió en las últimas décadas.

Cora, que a lo largo de su vida periodística escribió más de veinte mil columnas sólo en Clarín Porteño, solía decir que su sección no tenía receta: “Vi pasar ciclos, gobiernos, caer a quienes no se iban a ir nunca. Mi idea siempre fue la de no herir a otro, la de no usar un medio para crearle a otro una situación incómoda. No estuve fuera de la realidad, pero siempre dejé una puerta abierta para que el tipo que me lee a la mañana no se deprima”.

Solía decir, con humor, que pertenecía a una época en la que la profesión se hacía sin Internet, sin grabadores, en tranvía y con elementos de nombres ya olvidados como linotipo, tipómetro, rama, teletipo y galerada.

Aquella ventanita que durante cincuenta y siete años y de su mano fue Clarín Porteño, ahora sí se ha cerrado para siempre. Alguna vez Cora dijo: “Yo sigo adelante hasta que las velas no ardan”. Y su vida se extinguió, como ella quería, con la tenue discreción de una vela. Como a Borges, sólo nos queda el goce de estar tristes y aquel corazón que Cora nos confió el día que empezó a decir adiós.

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