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Charlotte Rampling


No, no se trata del helado cubierto de chocolate, no.  Se trata de una mujer que hacía estragos en los corazones de los muchachos de fines de los sesenta y principios de los setenta: Charlotte Rampling.
No le voy a decir una cosa por otra, no tenía la exclusividad de los sueños masculinos, pero dentro de las limitaciones publicitarias de aquellos años, la niña era una bomba imposible de ignorar.

Su nombre real es Tessa Charlotte Rampling, una preciosura nacida en Sturmer, Inglaterra, allá por 1946 que se convirtió en una famosa actriz gracias a su belleza y talento. Alcanzó la categoría de mito erótico gracias a la polémica película Portero de noche (1974) de Liliana Cavani donde sus desnudos hicieron historia (aunque por aquí estuviera prohibida). Sin embargo en lo físico no era más que otra flaca desgarbada, aunque la belleza natural de sus rasgos ya era reconocida por el público masculino como su mayor atractivo.

En su carrera artística ha rodado películas tanto en Estados Unidos como en Europa trabajando con directores tan reconocidos como Woody Allen . Ha alternado el cine de autor con producciones taquilleras como Orca (con Richard Harris), El corazón del ángel de Alan Parker, Instinto básico 2 (con Sharon Stone), Deception (con Hugh Jackman) y La duquesa (con Keira Knightley). Incluso participó en la película española Caótica Ana de Julio Medem.


En lo correspondiente a premios, tal el vez lo más importante haya sido el que obtuvo con la película Swimming pool , el denominado Premio de Cine Europeo. También figura en su CV que fue jurado del Festival de Cannes de 1976.

Casada dos veces primero con Bryan Southcombe y más tarde con el famoso músico Jean Michel Jarre , es madre de dos hijos.

Uno tiene que tener en cuenta que competía con bellezas voluptuosas del estilo de Sofía Loren, Brigitte Bardot o Ursula Andress, pero en las mentalidades adolescentes como la mía se ubicaba en un lugar bien diferente. No tengo idea si a otros les pasaba lo mismo que a mí, pero yo tenía dos categorías en gustos femeninos, las que me hacían la croqueta con fines lujuriosos y las que servían como imagen de noviecita ideal. Charlotte era de éstas últimas.


Claro, de voluptuosa nada de nada, pero belleza femenina tenía la ficha que funcionaba en mi video juego.



Con sorpresa y habiéndole perdido el rastro por cientos de años, me la encuentro trabajando en la última temporada de Dexter, que dicho sea de paso no sé si voy a mirar el capítulo final, donde encarna el papel de la Dra Vogel, una psicoanalista que es en realidad la inventora del código de comportamiento que rige al psicópata y fuera inculcado por su padre.


Claro que al principio no me dí cuenta que se trataba de la bomba de los sesenta, pero algo en sus párpados caídos y su boca en un rictus especial no la pudieron ocultar por mucho tiempo. Sobre todo cuando uno lee los títulos al comienzo de cada capítulo.
La gran Charlotte Rampling había regresado a las pantalla y lejos de ser una viejita aburrida es un señora muy mayor e interesante.
Hay gente que lleva los años muy bien sin necesidad de cirugías. Será que la belleza les nace de adentro.

Taluego.

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