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Poesía "lunfardesca"

Una mención sumaria de la poesía "lunfardesca" no puede prescindir de auténticos clásicos del género como Versos rantifusos de "Yacaré", La crencha engrasada (1928), de "Carlos de la Púa", Chapaleando barro (1929), del increíble Celedonio E. Flores, Arrabal salvaje (1938), de Bartolomé R. Aprile, Sangre del suburbio (s/f), de "Iván Diez", y Semos hermanos, de "Dante Linyera".
En un texto paradigmático de la literatura "lunfardesca" -"Musa rea"- Celedonio Esteban Flores fundamentaba de este modo la peculiar estética de su poesía:

No tengo el berretín de ser un bardo
chamuyador letrao ni de spamento;
yo escribo humildemente lo que siento
y pa escribir mejor lo hago en lunfardo.
Yo no le canto al perfumado nardo
ni al constelao azul del firmamento,
yo no busco en el suburbio sentimiento
¡Pa cantarle a una flor, le canto al cardo!

Y porque embroco la emoción que emana
del suburbio tristón, de la bacana,
del tango candombero y cadencioso.

Surge a torrentes mi mistonga musa:
¡Es que yo tengo un alma rantifusa
bajo esta pinta de bacán lustroso!

Una pequeña explicación de las palabras usadas sería la siguiente, aunque usted puede siempre consultar el diccionario lunfardo on-line que suministro en la barra lateral:
Berretín: Capricho, idea fija.
Chamuyar: Conversar, convencer
Spamento: agrandarse
Embrocar: Observar, darse cuenta de las intenciones de alguien
Bacán: Persona adinerada.
Mistongo: Humilde, de baja condición social
Rante: Aféresis de atorrante.
Rantifuso: Deformación de fantasía de 'rante'.

Desde el año 2000, los 5 de septiembre se celebra en Buenos Aires el Día del Lunfardo por iniciativa del periodista Marcelo Héctor Oliveri, miembro de la Academia Porteña del Lunfardo, y excolumnista de El Abasto. La fecha conmemora el día de publicación de Lunfardía, libro de José Gobello, que en 1953 impulsó el interés lingüístico por la jerga popular.
Tanto Gobello como Oliveri insisten en que el origen del habla popular porteña parte fundamentalmente de las grandes inmigraciones de fines del siglo XIX. Ese origen no niega que el habla se haya desarrollado en los sectores del hampa porteño, dado que los inmigrantes muchas veces eran pobres. Y por eso no es casual que los primeros estudiosos de la jerga fueran funcionarios policiales, como Dellepiane o Fray Mocho. Muchas veces se la ha definido como una “lengua de los delincuentes”. En su origen la palabra “lunfardo” vendría del gentilicio “lombardo”, término que llegó a ser sinónimo de ladrón porque los lombardos fueron, en el siglo XVIII, usureros y prestamistas.
Pero el mundo del lunfardo en realidad no era solamente el de la delincuencia. Era más bien, como afirman nuestros investigadores, el bajo mundo del conventillo, del inmigrante donde se mezclaban palabras de diferentes orígenes. Eso comienza a penetrar la cultura porteña. “Mi noche triste”, de Pascual Contursi, es el primer tango que incluyó letras lunfardas. Si bien en sus inicios los tangos lunfardos contaron la vida arrabalera y compadre, pronto, tras la crisis del ´30, las letras comenzaron a mencionar temas como la pobreza, el desempleo y los valores desvirtuados.
Vale recordar la ridiculez a la que sectores conservadores de esta sociedad llegaron. Entre 1933 y 1953, nuestro slang quedó prohibido para ser transmitido por la radio. Esta proscripción hizo que muchos tangos tuvieran que cambiar sus letras y títulos: “El bulín de la calle Ayacucho”, con letra de Celedonio Flores pasó a llamarse “Mi cuartito”. Pero este tema ya lo hemos tocado en otro momento.
Hoy por hoy los estudiosos del lenguaje entienden que la originalidad de lenguaje es un bien propio y preciado. Por eso en la Academia Porteña del Lunfardo tienen como lema: “El pueblo agranda el idioma”.



Arrevoire


Fuente : Revista El Abasto


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