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EL LUNFARDO, LA NECESIDAD DEL PUEBLO DE CREAR PALABRAS Y LA ESTUPIDEZ


Después del golpe del 4 de junio de 1943, el gobierno de facto surgido de él (con Juan Domingo Perón incluido), creó un organismo que ejercía el control en la radiodifusión. Este organismo, entre otras muchas censuras, determinó que estaba prohibido difundir las letras de los tangos en lunfardo.

La censura se hace virulenta en el gobierno de Pedro Pablo Ramirez. Con el entonces ministro de educación Gustavo Martinez Zubiría, conocido en las letras como Hugo Wast, se creó la Comisión “purificadora del idioma” presidida por Monseñor Francheschi. que tenía como fin, prohibir los tangos en cuyas letras se usara el lunfardo. Se pretendía eliminarlo , y a las letras con  voseo también.

A partir del 14 de octubre de 1943, se obligó a Celedonio Flores a cambiar el título de “El bulín de la calle Ayacucho”, el que pasó a titularse “MI CUARTITO”, cuya primera estrofa se transformó, censurada en :
Mi cuartito feliz y coqueto
Que en la calle Ayacucho alquilaba
Mi cuartito feliz que albergaba
Un romance sincero de amor.
Celedonio Flores escribió una nueva letra para su “mano a mano” para así permitir que fuera cantado y transmitido por radio. Estaba muy bien escrita; algunos afirman que no se la hubiera recibido mal de no existir el tango original. Muchos sonrieron al escuchar “en mi existencia azarosa” en lugar de “en mi pobre vida paria”.

Francisco Lomuto con su cantor Alberto Rovera grabó esta versión en 1944. Otro tango, “Percal” fue objeto también de la censura. En una entrevista, el funcionario que lo atendió, le dijo a Homero Expósito, autor de la letra, que no era solo el lenguaje, sino el tema, “eso de tu casa ya no está… eso de “tenías quince abriles”. Según cuenta Domingo Federico, autor de la música, Expósito escribió, en ese momento:

 Vestida de percal/ eres bonita igual
Llevabas dulce y rosa/ tu percal de mariposa

Lo leyó y dijo “esto es una porquería” como respuesta al funcionario que le encontraba sentido a lo escrito… y rompió el papel. Percal no pudo ser difundido hasta que se levantó la censura durante el gobierno de Perón.

Para aclarar la situación, SADAIC pidió una entrevista para solucionar el problema. “Perón, ya presidente de la Nación, recibió a los visitantes y Homero Manzi fue el encargado de presentarle a los visitantes: Francisco Canaro, José Razzano, Enrique P. Maroni, Alberto Vacarezza, Enrique Cadícamo, Charlo, Lito Bayardo, Luis Rubinstein, Rodolfo Sciamarella, Anibal Carmelo Troilo y Santiago Adamini. 
Lo curioso ocurrió cuando Perón recibió a Vacarezza con esta frase:

-Don Alberto…me enteré de que los otros días lo afanaron en el Bondi.

La sonrisa fue general y todos entendieron que la censura estaba levantada.

Este fragmento ha sido tomado de “Enrique Santos Discepolo, su vida y sus tangos” (pag.32 y 33) de Nora H. Sessa de Kramer.
Además comenta la autora que en “La Epoca” en julio de 1929, Discepolo defiende su posición y entre otras cosas escribe:

“no entiendo porqué es más propio “robar” que “afanar”. Por hábito bah!...hay palabras feas y lindas. Y yo utilizo las que más me gustan por su sabor rotundo, pictórico o dulce… Me hacen gracia esos que creen que los idiomas los han hecho los sabios. Si la necesidad de un pueblo es capaz de crear un genio ¿ cómo pretenden que se detenga en la creación de una palabra que le hace falta?”.

Digno antecedente de aquél enorme discurso, que acerca de las “malas palabras”, dio el irreemplazable Roberto Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua en Rosario y que aquí les dejo para terminar.






 El Bulín de la calle ayacucho sin censura

El bulín de la calle Ayacucho,
que en mis tiempos de rana alquilaba,
el bulín que la barra buscaba
pa caer por la noche a timbear,
el bulín donde tantos muchachos,
en su racha de vida fulera,
encontraron marroco y catrera
rechiflado, parece llorar.

El primus no me fallaba
con su carga de aguardiente
y habiendo agua caliente
el mate era allí señor.
No faltaba la guitarra
bien encordada y lustrosa
ni el bacán de voz gangosa
con berretín de cantor.

El bulín de la calle Ayacucho
ha quedado mistongo y fulero:
ya no se oye el cantor milonguero,
engrupido, su musa entonar.
Y en el primus no bulle la pava
que a la barra contenta reunía
y el bacán de la rante alegría
está seco de tanto llorar.

Cada cosa era un recuerdo
que la vida me amargaba:
por eso me la pasaba
fulero, rante y tristón.

Los muchachos se cortaron
al verme tan afligido
y yo me quedé en el nido
empollando mi aflicción.

Cotorrito mistongo, tirado
en el fondo de aquel conventillo,
sin alfombras, sin lujo y sin brillo,
¡cuántos días felices pasé,
al calor del querer de una piba
que fue mía, mimosa y sinceral ...
¡Y una noche de invierno, fulera,
hasta el cielo de un vuelo se fue!

Arrevoire

Diccionario Lunfardo aquí

Agradecimiento especial a David Gleiser

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